Si sólo pudiese elegir uno, ese sería...

Al ver una fotografía puedo percibir el olor que ese lugar o esa persona desprendía. ¿No os pasa lo mismo? Es algo que me encanta. Por eso me gustan tanto las fotos, entre otras cosas.

Estoy totalmente fascinada por los sentidos de los seres humanos. Estuve esta semana pasada pensando en cuál es el sentido primordial para mí, cuál es el que echaría más de menos si faltase en mi vida. Realmente, quien me conozca un poco, lo sabrá.

El tacto. ¿De qué me serviría ver, escuchar, oler y degustar, si no puedo tocar? 
No cambio las sensaciones de un buen abrazo por el arcoíris más bonito. 
¿Es lo mismo una palabra bien dicha que una caricia llena de ternura? 

Mi ombliguito sexy

El tacto permite comunicarnos, permite conocer nuestro entorno. La verdad es que nos lo permite todo, debe ser nuestro sentido más primario (de esto no tengo ni idea, así que si alguien tiene alguna y he dicho una barbaridad, podéis dejarlo reflejado en un comentario). 

A nivel "académico" o de "acceso" a la cultura, el tacto nos permite leer, reconocer objetos y personas, saber si algo está frío o está caliente, saber si nos hemos hecho daño al caer. Incluso, si se desarrollase un poco más, el tacto nos haría saber si hay una presencia cerca de nosotros, aunque no nos esté tocando siquiera. Gracias al tacto, podemos percibir una serie de emociones "más allá" de lo que otros sentidos nos permiten (en esto entra mucho en juego también el olfato, aunque mucha gente crea que no).

Cuando pregunto a la gente que cuál es el sentido indispensable para ellos, prácticamente en su totalidad me contestan que la vista. ¿En serio? Quiero motivos justificados.

En fin, todo esto viene porque mi hamijo alemán se ha operado de sus ojillos y ha estado unos cuantos días en su casa en modo "loro aprendiendo", como le dije (por si no lo sabíais, para que un loro aprenda palabras más rápidamente, se le mete en una habitación totalmente a oscuras con sólo una grabación continua de la misma palabra). 

El ser humano es una maravilla, lo que pasa es que nos hemos acostumbrado.

2013

¡Hola a todos y todas! ¡Feliz año 2013! De nuevo entramos en año impar, como a mí me gusta. Esperemos que este año nos traiga a todos un buen trabajo "de lo nuestro", y que se sigan manteniendo así de bien el resto de aspectos. Que sí, que este año me toca a mí una jornadita completa de lo mío. Ya veréis.

Por otro lado, y  como ya sabéis, tengo un poco abandonado todo esto, debido a mis estudios y trabajo. Me gustaría colgar en breves unas fotos de un pequeñito album scrap que le he regalado a mi amiga S. Vázquez o, mejor, Sara V., por su cumpleaños. A ver qué os parece.

Por ahora, sin más, aquí os dejo con una excelente viñeta a cargo de Max-CD-otrosapodos, en la que aparecen reflejados con total exactitud los acontecimientos que acaecieron hace aproximadamente 12 horas.


Espero que lo pasaseis muy bien vosotros también, aunque sea imposible llegar a nuestro nivel de risas.

¡Un besito y buen año!


Otra vez vuelven mis ganas enormes de viajar. Me encanta el frío mientras yo estoy abrigada. Ahora es otoño, vayamos a bosques antes de que se pierdan todas las hojas.

¿Cómo una película tan mala puede tener una banda sonora tan buena? Y no, no es metafórico, es real. Aquí está la prueba:

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Resulta que después de muchos malentendidos a lo largo de mi vida, he llegado a la conclusión de que tengo que mejorar mi forma de expresarme, ya que la gente entiende cosas que no son.

Entráis a una sala llena de desconocidos. Todos se os quedan mirando. ¿Cómo os sentís? ¿qué hacéis?
"¿Me conocéis de algo?" Y ya soy la borde.

Me gusta sentir que le importo a la gente que le importo, pero me suele tocar ir detrás. Cansa, cansa.

A veces siento que la vida es tan fácil que nosotros mismos la complicamos porque no estamos hechos para entender las cosas más simples.

¡He plantado tulipanes! Bieeeeeeeeeeeeeen, tulipanes *-*. Ya os diré de qué colores salen.





Un frenesí, una ilusión; una sombra, una ficción.

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Me encanta este fragmento del poema La Vida es Sueño de Calderón de la Barca. 

Últimamente me encuentro muy bien de ánimo, con mucha ilusión, con muchas ganas.  

Me apetece ir al campo, alejada de las luces de las ciudades, para ver el cielo por las noches. Quiero ir con telescopio y con alguien entendido, que me pueda explicar cada una de las constelaciones y planetas, sin olvidar a mi tan querida Luna. Quiero sentarme en el suelo y arroparme con una manta, mientras tomo un poquito de chocolate caliente (vaya, volvió el calor de nuevo, o eso parece). 

Eso es,  bien lo sabes, con amago de "turulos".


¿Te acuerdas aquella noche, cuando todo el mundo se quejaba, cuando todo el mundo lamentaba? Aquella que nos fuimos los dos a sentarnos en un turulo. Preparaste entonces un poco de chocolate para mí, por la doble función que tiene, el encantarme y calentarme. Y allí nos quedamos, simplemente respirando, simplemente contemplando la maravillosa Luna que nos esperaba, cada día, a la salida del trabajo. Iluminando, aunque no siempre, nuestra vuelta a casa.

Te dije, hace tiempo, un día, "cuando me siento sola, miro la Luna, porque sé que, estés donde estés, será la misma que la tuya".

Y es, en los extremos, cuando tengo ganas de ella. Y de bosques, muchos bosques. ¿Qué tienen para que me gusten tanto? Bosques de lobos, bosques, sólo antaño, de unicornios.

Tengo trabajo y me ayuda a ser más feliz. Me encanta que, al terminar de comer, pueda salir al patio, que es el mejor de todos en cuanto a Facultades se refiere. Resulta un mini bosque, con hojas, árboles altísimos, pájaros, verde y marrón. Y busco, entre todos los que hay, el banco más tranquilo, y ahí me quedo. Y observo. Y escucho. Y me maravillo por todo lo que me rodea, por todo lo externo e interno a mí. Y es, entonces, cuando pienso que me alegro de soñar un sueño.

Misticismo inside y everywhere, lo sé. Una galleta de chocolate te enviaré si lees hasta aquí. O quizá alguna más, si vives en Alemania. Eso sí, elaboración propia. Esta semana cuelgo la receta (si me acuerdo).

Un besito para todos y todas, en la mejilla izquierda, que es en la que beso con más ganas.

La principal ventaja de no ser bilingüe

¿Y lo que molan las ventajas de no ser bilingüe? Me encanta escuchar canciones en inglés y tener desactivado el "modo traductor" de mi cabeza. Escucharlas, sin más, sin prestar ninguna atención a la letra. De hecho, siempre es lo primero que hago cuando escucho una nueva, como ésta que os traigo hoy. La sensación de escuchar canciones así es totalmente diferente a cuando pasas a entender lo que está diciendo. 

En cuanto a la canción que os traigo, la letra es totalmente deprimente, pero os recomiendo pasar del tema y símplemente escuchar la música; la cual, para mi gusto, transmite una especie de melancolía "de la buena", que es la que a mí me gusta. Además, me parece una canción tierna en extremo. 

Para rematar, incluyo en el propio vídeo una fotaza que me hizo mi croqueta y que me encanta y ha causado furor allá donde la he ido colgando.


Un besito y espero que os guste

El peral de la tía Miseria

Debido a mi vieja afición, la literatura y sus vertientes, he decidido crear un nuevo apartado en este blog: cuentos y leyendas. Espero que os guste mucho y que os lo paséis tan bien como yo escribiéndolos.

Este cuento es mi versión del cuento popular existente, que se puede consultar en:
RODRÍGUEZ ALMODÓVAR, A. (1999) Cuentos al amor de la lumbre. Madrid: Alianza Editorial.


El peral de la tía Miseria

Hace muchísimo tiempo, en un pueblo de pocos habitantes en el que nada se podía esconder, porque todo se acababa sabiendo, vivía una viejecita a la que todos llamaban "Tía Miseria". La Tía Miseria vivía en una casita bastante pequeñaja, vestía ropa de mendiga y no tenía lo que se dice, nada de dinero. Vamos, que era más pobre que unos macarrones sin tomate. A pesar de todo eso, la Tía Miseria tenía una posesión que para ella -y para más gente- era muy valiosa: un peral en el patio trasero. La pobre Tía Miseria sabía que su peral daba las peras más dulces de todo el pueblo, pero no porque ella las hubiese probado, sino porque los niños hablaban maravillas de ellas. Sí, señores, los niños del pueblo se colaban en el patio trasero de la Tía Miseria y le robaban todas las peras; sin dejarle a ella, que le costaba un montón andar debido a lo vieja y oxidada que estaba, ni siquiera probarlas. ¡Con todo el morro! La Tía Miseria, por supuesto, estaba hartísima:

- ¡Malditos niñatos! ¡Devolvedme las peras, u os doy con mis zapatos!

Y así un año, tras otro, tras otro...


Una noche, estaba la Tía Miseria en su casa dispuesta a darse un festín con una hogaza de pan, cuando llamaron a la puerta. ¿Quién será? Entró entonces en la casa un caballero que era, como se decía antiguamente, muy apuesto. La Tía Miseria, no se sabe si por buena persona o porque se enamoró de aquel hombre, le invitó a cenar con ella. Es más, le regaló toda su cena. Después de charlar un rato al terminar de cenar, el hombre se despidió de la Tía Miseria, no sin antes hacerle un regalo:

- Señora, no sé cómo darle las gracias por toda su bondad. Me gustaría concederle un deseo, le aseguro que se cumplirá.

A la Tía Miseria le rondó por la cabeza la descabellada idea de pedirle que se casase con ella, o que le diese un saco de monedas de oro, o quizá podría pedirle un loro que hablase, pero que hablase de verdad, nada de un simple "hola", que eso lo dicen los loros aburridos. O, ya puestos, ¿por qué no le pedía "deseos infinitos"? No, eso no se puede, ¡que es trampa!

- Perfecto, ¡ya lo tengo! Deseo que aquel o aquella que suba a mi peral, sin que yo se lo diga no pueda bajar.

¡Deseo concedido! Estaba entonces la Tía Miseria deseosa de comprobar si aquello era cierto, así que esperó pacientemente a que su peral se llenase de nuevo de esas jugosas peras. Una mañana, seguía la Tía Miseria todavía metida en la cama -no madrugaba mucho, total, no tenía nada que hacer ni nadie con quien hablar- cuando escuchó a unos cuantos niños gritando como locos desde su jardín. Se asomó a la ventana y los vio enredados en las ramas del peral.

- ¡Ja, ja! ¡Ahora vais a ir bajando uno por uno y os voy a dar un par de azotes en el culo!

Y así se fueron, uno por uno, todos los niños y niñas que estaban atrapados en las ramas del peral, con el culo rojo y sin ganas de volverse a sentar.

Y así volvió a pasar un año, tras otro, tras otro...

Otra noche, más oscura que de costumbre y con búhos ululando de fondo, estaba la Tía Miseria comiéndose una tarta de pera -que le salía muy rica, por cierto-, cuando volvieron a llamar a la puerta. La Tía Miseria se retocó un poco en el espejo, pensando que podría ser de nuevo aquel hombre tan guapo, pero se equivocaba. Esta vez, cuando abrió la puerta, se encontró a una persona encapuchada, con una toga negra muy, muy oscura. A la Tía Miseria le entró frío, y más frío aún cuando el encapuchado se quitó la capucha y dejó al descubierto una cara calavérica y ¡bien fea!. Fue entonces cuando la Tía Miseria se fijó en que ese visitante tenía en la mano una guadaña, que es un palo muy largo con una cuchilla muy afilada al final. Por si no os imagináis quién pudiera ser este visitante, os comento que era la Muerte. Le dijo entonces la Muerte a la Tía Miseria:

- ¡Miseria, quién te ha visto y quién te ve! Ya estás demasiado vieja, que yo lo sé. ¡Te toca venirte conmigo! Venga, anda, recoge tus cosas y llévate abrigo.


La Tía Miseria empezó a hacer la maleta muy despacito, para ganar algo de tiempo, porque ella no quería morirse. Entonces, tuvo una gran idea:

- ¡Ay, Muerte! ¡Qué poca alegría siento al verte! ¿Podrías hacerme un favor? Anda, vete al patio trasero y cógeme unas cuantas peras del peral que tengo plantado, que el camino es muy largo y más contigo al lado. Yo iría a por ellas pero ya sabes que me cuesta mucho andar y tú parece que tienes prisa por marchar.

La Muerte accedió a ir a por las peras y, ¡zas!, quedó atrapada entre las ramas del peral, como le había pasado a tantos niños anteriormente. ¡Sacadme de aquí! ¡Me han tendido una trampa, socorro!  La Tía Miseria no podía parar de reír. Y, como era muy chula, volvió a sacar sus cosas de la maleta mientras se comía otro trozo de la tarta de pera y continuó haciendo su vida como si nada.

Pero claro, el hecho de que la Muerte estuviese atrapada ahí, significaba que ya nadie más moría en el mundo. ¡Qué guay!, podréis pensar. No todo era tan bonito. Había muchísimas personas que sufrían enfermedades muy dolorosas y la Muerte no se apiadaba de ellas. Había personas con heridas que no paraban de sangrar y que les dejaban muy débiles, pero la muerte no se apiadaba de ellas. También había personas muy mayores, que querían reunirse con sus familiares que murieron hace años, pero la muerte no aparecía para llevárselas. La gente estaba desesperada. ¿Dónde se habrá metido la Muerte? Pusieron carteles, hablaron de ella en las noticias, contrataron detectives privados, fueron llamando casa por casa... y la Muerte no aparecía. 

Y así pasó un año, tras otro, tras otro. Hasta que, finalmente, un día llamaron a la puerta de la Tía Miseria. Cuando ésta les abrió, se escuchó gritar a la Muerte a lo lejos, desde el patio trasero: ¡Socorro! ¡Estoy aquí!

La gente estaba indignada. Le pidieron a la Tía Miseria que dejase libre a la Muerte, ya que había muchísimas desgracias en el mundo. La Tía Miseria no hacía más que negarse, ¡que no, que ella no quería morirse, hombre! Después de intentar convencerla durante más de media hora, al final la Tía Miseria sintió pena y dijo:

- De acuerdo, a la Muerte liberaré, pero una condición pongo: yo aquí siempre me quedaré.

Y accedieron. La Muerte quedó en libertad respetando su promesa. Nunca se llevó a la vieja.

Y éste es el motivo por el que la Miseria sigue todavía habitando en nuestro mundo.


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Fotos: 
http://www.publispain.com/revista/seccion/jardineria/consejos_para_la_poda_del_peral.html
http://blogsdelagente.com/entrerosasymunecas/2009/01/

¿Poca paciencia con o sin razón?

¡Hola a todos y todas! Hacía un montón de tiempo que no escribía por aquí, en parte porque no he parado demasiado por casa (he aprovechado para visitar España un poco más).

Hoy quería comentaros un asunto que pienso de vez en cuando. 

Últimamente, cada vez más, tengo la sensación de que la gente que me rodea se ha vuelto más infantil, con mayor número de llamadas de atención y con mayores manipulaciones. La verdad es que lo veo tanto cada tan poco que me está empezando a cansar bastante. Estoy bastante harta de gente víctima, y parece que cada vez hay más. Quizá no es que haya más, sino que yo tengo menos paciencia y estoy "a la que salto". 

El caso es que de un tiempo hasta ahora, me he fijado aún más en las actitudes de las personas y veo que las manipulaciones (muy burdas, en su mayoría) están a la orden del día, a juego con victimeos y quejas, muchas quejas.

También me gustaría decirle a unas cuantas personas que si empleasen la misma maña al utilizar a la gente que al aprender por sí mismos, serían unos genios.

Y no, no estoy quemada por el tema ni nada, es más, son sólo cosas "que veo". Últimamente he hecho una criba bien gorda de gente, como me suele pasar cada cierto tiempo, y no me están tocando los huevos personalmente. Pero es que se ven cosas de película. Quizá un nuevo argumento para un posible libro (anda que si me hace millonaria toda esta gentuza...).

Por otro lado... ha empezado mi racha buena. Tengo trabajo y me encontré 10 euros en el suelo, ¿se puede tener más suerte? jejeje. ¡¡Estoy realmente contenta!!

En fin, aquí os dejo unas fotillos de unos sitios que visité hace unas semanas (sí, lo de los pies es tradición desde hace muchos años jajaja, tengo una carpeta con unas cuantas fotos así, ¡ahora no empecéis a plagiarme!).


De punta de España a punta, de Santiago a Málaga.


Esperemos próximas visitas al extranjero...