El sino "sí-no".

Entras y ahí estoy, tumbada en el sofá, con mi estudiada pose de indiferencia que denota mi incertidumbre interior, solo que aún no me conoces para saberlo. Y te quedas mirándome, frunciendo el ceño, como en un intento de expandir tu mente y desarrollar una telepatía prematura conmigo. No la necesitas, prueba con ensayo, acierto y error, seguramente aprenderás más rápido. Yo estoy dispuesta a enseñarte, pero sin presiones, que estoy de vacaciones. 

Me pierde este desconcierto, esta ambigüedad, este "sinonoséquiénsabe". No soy muy asidua de las escalas de grises, qué le vamos a hacer.

Y es cuando la palabra entretenimiento aparece. Consejos vuelan, se leen, cambian, se van. Y, podríamos decir que me cansa. Podríamos decir que ni me encuentro, ni te encuentras, ni me encuentras. Y, aún así, mantienes mi atención, aunque sea para decir "estoy harta de conchas y de olas, que suben, que bajan y que arrastran". Harta de aparecer y quedarte. Eso es lo peor, que te quedas. 

¿Y tanto es lo que ocupa este oleaje en mi cabeza? Bueno, digamos en cierto modo que en vacaciones la gente veranea, se va a la playa, aunque yo sea más de Irlanda y paisajes verdes. Tomemos esta justificación como excusa temporal. No creo que dure mucho más allá, aunque nunca se sabe. Esperemos que este incipiente efecto dominó sepa mantener todas las piezas coordinadas en una armonía casi perfecta para, poco a poco, ir descubriendo una figura. Aunque prefieras no aparecer en ella
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Las cosas más triviales se vuelven fundamentales eliminando los moldes del azar.